Las fases en Leo


Para un suceso, circunstancia o acción emprendida bajo el signo de Leo, la energía comienza a expresarse con un claro sello personalista. Se pone en juego la imagen de la persona, sus ideas y modos de percibir el mundo. Se expresan brillantemente sus dotes y prácticamente cuenta con la posibilidad de organizar a su antojo los elementos de la situación.

Transcurridos tres meses, comienzan a sucederse experiencias de ensayo y de error. Se intenta manifestar una acción o idea pero sin aparente éxito, para nuevamente relanzarla hasta que se observa que hay que atender al deseo inicial que empujó a la persona a materializarla. La cualidad del deseo es de vital importancia si se quiere comprender el éxito o el fracaso de los intentos. Pero también se observa que a raíz de estas experiencias reiteradas el deseo se instala en la mente para ya no volver a oscilar entre extremos: lo que se desarrolla es la potencia deseante en las ideas.

Finalmente, a los seis meses de iniciado el despliegue leonino, es decir, cuando el Sol hace su aparente movimiento bajo el signo de Acuario, el personalismo inicial decae y la persona tenderá a diseminar su saber y a delegar funciones que antes concentraba en sí misma. También es posible que advierta la necesidad de colaborar con otros para plasmar sus ideas o resolver la situación inicial, de manera tal que cada uno de los intervinientes pueda aportar su granito de arena y, así, alcanzar una creatividad de tono colectivo antes que individual. Con estas adquisiciones, Leo se integra a Acuario y así forman una unidad magnética: una generosidad dispensadora y una independencia comprometida con el entorno.

©Julia Pérez Bustamante. Todos los derechos reservados.

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